Cómo se aprende a dibujar, rayando; solo así se aprende a dibujar rayando no hay otro método. El oficio se inicia a muy temprana edad, solo es suficiente que alguien deje al alcance de nuestras manos algo que sirva para rayar, sea creyón, marcador, tizas, lápices, labiales o de cejas, cualquier cosa capaz de perpetuar nuestros firmes, deliberados e iniciales trazos sobre muros, pisos, libros, cuadernos o sobre cualquier superficie que exista, de este modo iniciamos sin demora ese primitivo ejercicio propio de todos los seres humanos que es el dibujar. Es de instinto dejar nuestra huella, nuestra marca, la impronta, diría un académico, de nuestro cuerpo en movimiento sobre la superficie del mundo, en un
claro testimonio de que existimos y vivimos.
Cuando iniciamos la práctica antropológica del dibujo nuestros trazos son seguros, agiles y decididos, son rayas libres, cimarronas, que no intentan otra cosa más que dejar la evidencia grafica que pasamos por allí. Esa tenacidad al rayar se va diluyendo en la medida que comienzan a “educarnos”, a domesticar el ímpetu de hacer lo que queremos y nos gusta hacer, para sumergirnos, en la mayoría de las veces, en la absurda calificación de lo bueno y lo malo. Hasta que aparece la escuela que nos reduce la capacidad de graficar la infinitud del universo que llevamos adentro, y nos determinar a dibujar solo los 24 garabatos alfabéticos y no más.
Aprender a dibujar es retomar la libertad y el ímpetu de nuestros primeros días, está en dejar atrás la calificación de lo bello y lo feo, desterrar de nuestro léxico la palabra “perfecto” para entender que este mundo ha sido construido con sus imperfecciones, por aquellos que no dudaron en hacer lo que más les gustaba y mejor sabían hacer. Por tanto, tienes que darle rienda suelta a tus manos, a la diestra y la siniestra, deja que libremente se muevan, de arriba abajo, de derecha a izquierda, en círculos o espirales, que se muevan libremente dejando su estela gráfica, pues las cosas que hacemos sin prejuicios son las que más se nos parecen.
Dibuja como tú mismo, pues dibujar es una actividad personalísima hasta el punto que tus garabatos te incriminan, pues no existen dos personas que puedan trazar las mismas rayas. No solo las huellas dactilares son únicas, también lo es la forma de nuestra cara donde el ojo derecho no es idéntico al izquierdo; asimismo tus trazos son únicos y propios, igual que tu voz y el modo de caminar, porque el dibujo no solo depende de los dedos que sostienen el lápiz o la tiza, también depende de los huesos, las articulaciones, los músculos de las manos y de los brazos, del ritmo del corazón, de la respiración, de la práctica y de la emoción con la que lo haces.
Es bueno que tengas en cuenta que los seres humanos habitamos un organismo sumamente sofisticado, particular, único e inteligente, capaz de trazar rayas como no lo hicieron ni lo hará otros seres, unos lo hacen más y otros menos parecidos a la realidad, pero nunca iguales. Hay quienes presumen del parecido de sus dibujos con los de Leonardo da Vinci, Alberto Durero o Kim Jung Gi, pero ellos también son únicos e irrepetibles como tú. En la medida que te ejercites, que rayes, que te conozcas tendrás mayor seguridad en las líneas que tus manos trazan, las reconocerás como tuyas y cada día serán más sueltas y libres.
Dibuja como tú, exprésate con los materiales que tengas a tu alcance y con los que te sientas más cómodo, a fin de cuenta ellos reflejan el tiempo que te ha tocado vivir. Al rayar hallaremos nuestro paso, conoceremos el ritmo de cada pulsación y la frecuencia del aire que respiramos, todo ello ayudara a acompasar tu ritmo vital, la intensidad y los movimientos de tus manos sobre el soporte. Los dibujos que realices hoy siempre serán más sueltos que los que hiciste ayer y serán menos seguros a los que harás mañana, pues la experiencia modifica nuestra sensibilidad y mejora nuestro desempeño, pues el dibujar es una práctica que nunca termina.
“Dibujo, luego existo”
José Laurencio Pérez Yllarramendi
Arquitecto, artista plástico
Profesor universitario en UNEARTE

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