LA POSTESTÉTICA EN EL ARTE

 


 

Para Donald Kuspit, 1 la postestética es el arte que excluye la belleza en el arte; por ello, las obras del arte moderno y sus consecuentes se convierten en obras antiestéticas o postestéticas, ya que estas están vaciadas de valor estético. Se entiende por valor estético aquellas obras de arte que poseen la belleza en el sentido clásico. En este sentido, el arte postestético no corresponde con las Bellas Artes, pues carece de la expresión, de la mediación y de la experiencia de la belleza, de allí que se haya señalado el fin de las Bellas Artes.
 

Lo postestético se opone o es indiferente a la belleza y niega la realidad fundamental de esta para el arte, lo cual conlleva la negación del juicio y de la experiencia estética; de esta manera, el hacer postestético anula la emoción y el gusto de la belleza, pues la excluye del hacer artístico. Por esta razón se dan tantos desconciertos en el espectador ante las obras de arte desde el siglo XX hasta el presente, ya que la experiencia de lo bello ha quedado anulada en las obras artísticas.
 

El arte postestético es el resultado de una postura que se contrapone a la belleza,
Donde la práctica del artista traduce y transcribe una experiencia primaria no artística por medio de una verdad incómoda; en este sentido, la condición postestética plantea una idea radical del arte al negar la perfección de la belleza, y vuelca sobre esta la realidad que no es bella o lo que no es posible decir al resaltar la crudeza del mundo como un acto artístico insurrecto.


La fetichización de lo antibello emocional y físico se convierte en una protesta artística, la cual asume el carácter de la realidad como instrumento de dicha protesta, pues enarbola la celebración de la cruda realidad social y emocional en su negación e indiferencia para crear formas armoniosas y rítmicas, lo cual hace que se produzcan sentimientos que no tienen nada que ver con la belleza. El rasgo central del arte postestético es el repudio y la exclusión de la belleza en el sentido canónico, como hemos indicado.
 

A partir de esta postura, hay un enfrentamiento entre el arte bello y el postestético, donde en este último se plantea que el hacer artístico debe ser una expresión intelectual, de allí que Barnett Newman haya planteado que el arte moderno colocó al artista ante los primeros principios y enseñó que el arte es una expresión del pensamiento y de verdades importantes, y no una expresión de una belleza sentimental y artificial. Walter Pater, por el contrario, plantea que el primer principio del arte es la belleza, la cual trasciende la distinción entre lo abstracto y lo concreto, lo intelectual y lo sensible, y esta no es sentimental.


En el hacer del arte postestético no se hace ningún esfuerzo para conferirle una forma satisfactoria a la belleza, pues la forma real y verdadera es el asunto de la vida cotidiana y este es “forma” desde el punto de vista de este arte, por lo cual cualquier intento por modificar o reformular el asunto en cuestión se considera una falsificación, ya que el mismo es para el artista postestético un discurso suficiente. En este sentido, el hacer postestético propone una creatividad diferente al arte estético.


Para el artista postestético, la obra de arte se convierte en una tarima desde la cual
trata de forzar al espectador a creer en lo que él cree; de esta manera, él se convierte en un propagandista que describe lo no bello y lo injusto que es el mundo, en el cual no hay ninguna alternativa para la contemplación de la belleza, pues esta no tiene cabida en la expresión artística. Aunque parece contradictorio mostrarle la realidad a quien ya vive en ella.


El artista postestético no plantea ningún intento de hacer del mundo un lugar mejor, ya que él no es normativo, por lo cual no hay en él una idea de un mundo mejor. Aunque la crítica social es una causa noble, ¿es el arte postestético eficaz para esto? ¿Este artista es el sujeto adecuado para educar sobre la realidad del mundo? O ¿para ayudar a soportar y superar las penalidades de este?


Estas interrogantes generan diversos reproches al arte postestético. William Gass, por ejemplo, indica que el arte estético es el único arte con éxito, por lo cual plantea que es necesario el regreso a la belleza en el hacer artístico, dado que el arte postestético es un fracaso porque estos artistas no se dan cuenta de que la belleza es la protesta contra la fealdad, por lo cual la ausencia de esta en sus obras muestra que las mismas no son obras críticas, sino meras descripciones; plantea, además, que la incapacidad para imaginar la belleza es un signo de la inadecuación creativa del arte postestético, por lo cual en este hay un fracaso creativo. ¿Es cierto esto? ¿Cuál es la concepción de belleza que plantea Gass?


La presencia de la belleza y de la experiencia estética, tan esenciales al arte estético, no son el objetivo del arte postestético, dado que este se plantea procesos supuestamente más profundos. Para Duchamp y Newman no hay nada fundamental en la experiencia estética, por más intensa que esta sea, pues la misma es solo una distracción inevitable, ya que las sensaciones no se pueden reprimir y, en este aspecto, el arte estético se presenta a los sentidos en la medida en que las sensaciones son engañosas y capciosas, pues este arte se sitúa en el reino de la ilusión sensible y es el medio de una ilusión, de una mentira a través de la cual la razón tiene que traspasar. En cambio, el arte postestético se presenta como un arte de la razón, este con todo el esfuerzo por producir una representación racional de la realidad, de allí que este no esté cubierto por una capa azucarada de las sensaciones bellas, pues este arte debe tragarse crudo, dado que en él la idea es cruda e intelectual y lo sensible indigesta. En este la sutileza es innecesaria.

Obed Delfín


1 Donald Kuspit. El fin del arte. Editorial Akal.

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