TRADICIONES Y PRODUCCION CULTURAL

 


 

Lo tradicional, esa diversidad de comportamientos culturales, pudiéramos decir, que nos ha legado nuestra sociedad y que conforman parte del imaginario que nos constituye, determina parte de lo que somos en términos de identidad e idiosincrasia. En el caso de una sociedad como la nuestra, mestiza o hibrida en una proporción importante, compartiendo territorialidad y estructura nacional con pueblos originarios poseedores de lenguas y cultura seguramente más suyas; lo regional y diverso, entonces, es fundamento de lo que somos. Esa heredad en su riqueza y multiplicidad, no puede constituir una identidad unitaria, se trata mas bien de un ser abarcante y que en la conciencia de esa situación absolutamente compleja, debiera tener amplitud y alcances extraordinarios.
 

Frente a esta circunstancia siempre queda suspendida en los análisis la pregunta: ¿Cuál es la identidad del mestizo?, al parecer se trata de un tipo de identidad abierta, en la que se afirman ciertas parcialidades acompañadas o incluso enmarcadas por un todo cambiante. En una realidad como la descrita, tanto lo tradicional como la producción cultural de su actualidad se nos pudiera presentar como entramado de comportamientos, que por momentos reclaman su permanencia y seguramente desde ciertas visiones demandan transformación. Es probable que algunas de nuestras expresiones tradicionales mas estimadas y celebradas en su autenticidad, sean en sus componentes, descendientes o resultado de reinterpretaciones y cambios. Las sociedades tratan de garantizar su integridad tanto en sus leyes y acuerdos fundacionales como en comportamientos culturales que se reproducen de manera ritual instalándose en su imaginario; pero es inevitable que, en su devenir y procesos de cambio social, nuevas generaciones actualicen, renueven o refunden esas realidades.

 

Algunos ejemplos notables de los procesos de hibridación y cambios de expresiones de lacultura pudieran ser: el joropo de los valles del Tuy, o la gaita zuliana en Venezuela o el tango en Argentina, en los dos casos son claros los antecedentes o la genealogía de estas expresiones, sus ascendentes europeos, africanos o incluso de nuestras etnias. Ya superada la noción de mestizaje con la orientación peyorativa que arrastro desde la colonia, tendríamos que asumir ese fenómeno irreversible resultante de conquistas y grandes migraciones humanas, como la causa generadora de cruces raciales y procesos sincréticos que para este momento son el cuerpo fundamental de la cultura contemporánea. Reafirmarnos como cultura e identidad desde lo tradicional es definitivamente importante, allí están seguramente fundamentos y el fermento crucial de la idiosincrasia de la sociedad; pero es indispensable la atención y seguimiento de lo que podemos denominar producción cultural actual, esa que esta atenta al estado de las cosas y que en términos generacionales esta llamada a los procesos de actualización, renovación y refundación de estructuras simbólicas que conviven y dialogan en el imaginario con la historia y lo originario. Si con los historiadores hemos considerado relevante la Historia Insurgente, tenemos que asumir de esa misma manera ante el mundo, la comprensión de la cultura del país plena e integralmente como: Cultura Insurgente.


Zacarías García
Caracas, mayo 2026

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